Una educadora de párvulos enseña a sus alumnos qué significa clasificar:

Educadora:Clasificar es algo que seguramente ustedes ya han hecho. Es
como ordenar, pero usando un criterio. ¿Qué cosas ordenan ustedes?
Niño:Los juguetes
Niña:La ropa
Educadora:Cuando clasificamos, lo que hacemos es ordenar, tal como ustedes ordenan sus juguetes o su closet, pero es un poquito más difícil, porque tenemos que fijarnos en algo específico. Para ordenar, podemos fijarnos en el color, el tamaño u otras cosas. A eso le llamamos “criterio de clasificación”. Ahora les voy a pasar distintos objetos a cada grupo y ustedes tendrán que clasificarlos.

 

Analicemos el ejemplo

 

¿Aprovechó la educadora las experiencias de los alumnos para explicar el concepto de clasificación?

En este caso las respuestas entregadas por los alumnos no fueron integradas a la explicación. No basta aludir a experiencias cotidianas que se asemejan a la tarea de clasificar para que los alumnos comprendan los aspectos centrales de este concepto.

¿Cómo se podrían utilizar esas experiencias para facilitar el aprendizaje de los alumnos?

La educadora podría plantear preguntas que ayudaran a los alumnos a comprender el concepto de criterio de clasificación, por ejemplo, preguntarles “Cuéntame, cómo ordenas tu ropa, ¿cómo la separas?, ¿pones juntos los zapatos y las poleras?”, etc.

También podría incorporar las experiencias de los alumnos al explicar la diferencia entre ordenar y clasificar: “Yo puedo dejar mi closet muy ordenado doblando muy bien la ropa pero poniendo todas las prendas juntas, ahí estoy ordenando. Pero si quiero que sea fácil encontrar la ropa, puedo poner en un cajón los pantalones, en otro las poleras y en otro los calcetines. Ahí no solo estoy ordenando, estoy clasificando. También podría usar otros criterios para clasificar, por ejemplo, separar la ropa de invierno y la de verano.”