Una Educadora Especial realiza una clase de comprensión oral del cuento “Las
medias de los flamencos” de Horacio Quiroga a un grupo de niños de 5 años,
con bajo nivel de vocabulario y lenguaje comprensivo disminuido.
La educadora comienza a leer en voz alta: “Cierta vez las víboras dieron un
gran baile. Invitaron a las ranas y a los sapos, a los flamencos, y a los yacarés y a los peces…”.

Durante la lectura los niños estaban inquietos y distraídos. Cuando terminó de leer, les hizo preguntas de comprensión y para su sorpresa, muchos de ellos dijeron que no habían entendido.

Posteriormente, la educadora conversó con la jefa UTP.

Educadora: Estoy un poco preocupada. Hoy les leí un cuento muy lindo a los niños, pero parecieron no motivarse. Lo que más me inquieta es que demostraron dificultades para comprender. Leer este cuento no fue una buena idea.

UTP: ¿Por qué crees que no fue una buena idea?

Educadora: … No sé, es un cuento tan lindo y yo pensé que como a los niños les gustan los animales…

Analicemos el ejemplo

En su análisis esta educadora omite un elemento clave, ¿cuál es?

La educadora elige el cuento pensando que a los niños les gustará por su tema y esto es un factor para motivarlos. Sin embargo, no considera sus características de aprendizaje (bajo nivel de vocabulario y lenguaje comprensivo disminuido), eligiendo un texto complejo, con palabras que los alumnos probablemente desconozcan (víboras, yacarés, etc.).

Cada vez que un docente se propone realizar una actividad tiene que pensar a qué estudiantes va dirigida. Debe considerar sus características, intereses y necesidades, y a partir de esta información organizar su propuesta pedagógica. En este caso, la docente podría haber elegido un cuento más simple o trabajar el mismo, pero levantando conocimientos previos y apoyando a los alumnos en el vocabulario (por ejemplo, mostrar ilustraciones de víboras, yacarés, etc.).