Un profesor de Historia y Geografía realiza una clase con sus estudiantes de séptimo básico
con el objetivo de ubicar geográficamente Grecia y Roma. Para ello, les pide que coloreen
en un mapa mudo el territorio donde se ubica cada cultura e identifiquen las principales
características de su relieve, nombrando las islas y mares que rodean cada territorio.

Al comenzar la actividad, el grupo se mostró confundido y realizaron muchas preguntas al docente:

  • ¿Dónde está el Mar Mediterráneo?
  • No encuentro la Península de los Balcanes.
  • ¿Dónde está la Península Itálica?
  • ¡No sé si aquí hay mar o tierra!

Dadas las dudas de sus estudiantes, el docente decide hacer un alto para repasar:

Profesor: Pongan atención. Repasemos algunos contenidos para que puedan hacer de mejor forma esta actividad. A ver, ¿dónde está ubicada Roma?
Todos a coro: En la Península Itálica.
Profesor: ¡Muy bien! ¿Y qué islas están cercanas a ella?
Una alumna: Córcega, Cerdeña y Sicilia.
Profesor: Correcto. Y Grecia, ¿dónde está ubicada?
Un alumno: ¿En la Península de los Balcanes?
Profesor: ¡Sí, que está al este de la Península Itálica! ¿Y qué mares rodean la Península de los Balcanes?
Alumna: El Egeo, el Tirreno y el Mediterráneo.
Profesor: ¡Exacto! Se nota que han estudiado. Ahora deben ubicar esos mismos puntos en el mapa, esta vez pongan mucha atención para que no se confundan.

El curso retoma el trabajo, pero las confusiones continúan y las preguntas al docente también. El docente se da cuenta que el repaso no fue suficiente, pero como no le queda más tiempo, decide él mismo ayudar a buscar los puntos en el mapa.

 

Analicemos el ejemplo

A partir del error ¿Cómo retroalimenta el docente a sus alumnos?

Frente a las  preguntas de los alumnos como: “¿Dónde está el Mar Mediterráneo?” o “¡No encuentro la Península de los Balcanes!” el docente decide hacer un repaso en el que los niños y niñas deben poner en juego su manejo de información respecto de la situación geográfica de las culturas griega y romana. Sin embargo, los alumnos siguen sin poder realizar la actividad.

Repasar contenidos referidos a la ubicación geográfica de estos puntos no resultó efectivo, probablemente porque si bien manejan la información relacionada con el relieve de Grecia y Roma, su verdadera dificultad está asociada a la habilidad de ubicar los puntos en el mapa.

Así, en este caso, puede que el docente no haya identificado adecuadamente la razón de las dificultades que observó en la actividad, por lo que la estrategia que usó para abordarlas no fue efectiva.

El docente ¿De qué otra forma podría haber retroalimentado?

El docente podría haber preguntado más específicamente a cada alumno para indagar en la causa de la dificultad y una vez detectada decidir cuál era la acción más adecuada para ayudar al estudiante, en este caso, para que los alumnos se ubicaran en el mapa que están trabajando. Para ello, podría haberle dado pistas para que reconocieran los puntos cardinales y los determinados relieves (penínsulas, islas, continentes, océanos y mares).

Con esta información, sus estudiantes podrían aplicar los conocimientos que ya poseen, observando el mapa y mediados a través de preguntas del docente, como:

  • Tenemos aquí los mares Egeo, Tirreno y Mediterráneo. ¿Cuál será entonces la Península de los Balcanes?, ¿qué puntos de referencia nos permiten ubicarla?
  • Si ya ubicamos la Península de los Balcanes, ¿hacia dónde se ubica la Península Itálica?

Con estas preguntas el docente estaría abordando la habilidad para ubicarse espacialmente en un mapa, que es la razón por la que sus estudiantes presentaron dificultades para desarrollar la actividad.