En el recreo, después de la clase de Matemáticas en un tercero medio, Valentina conversa con su
nuevo compañero Simón.

Valentina: ¿Qué tal te pareció la clase de matemáticas?
Simón: ¡Oye que trabajan concentrados! Todos escuchando y haciendo los ejercicios. Igual, obvio que a veces se desordenaban un poco, pero el profe los miraba y altiro volvían a trabajar. Y parece que son súper buena onda entre ustedes, ¡ojalá que conmigo también lo sean!

Valentina: Sí, aquí somos bien respetuosos, no te preocupes. El profe es bien estricto con eso. No deja pasar ninguna broma pesada o que a alguien no lo escuchen.

Simón: ¡Buena! Igual me sentí un poco incómodo cuando le respondí al profe el ejercicio de ecuaciones y me equivoqué. Como que me miró feo.

Valentina: ¡Sí! Me di cuenta. Cuando uno no sabe, a veces es un poco intimidante. Yo no le entendí muy bien lo que te explicó y le quería preguntar, pero mejor me quedé callada.
Simón: ¡Sí! Después de ver su cara, mejor ni hablar.

Valentina: Y mejor acostumbrarse, él es así. Es que no le gusta mucho que uno se equivoque. Igual él es muy seco, aunque sea medio pesado, sabe harto.

Simón: Qué lata, así no dan muchas ganas de participar.

Valentina: Y al que le dan ganas, se queda hablando solo. ¿Viste que un compañero le contó que su hermana grande estaba aprendiendo unas ecuaciones en que unas letras estaban al cuadrado? El profe no lo tomó mucho en cuenta.

Simón: Sí!¡Que motivado el compañero! Qué lata que el profe no le haya dicho nada. Me gustan esos profes que les importa lo que uno dice, cualquier cosa, esté bien o no. Me acuerdo de una profe que era así. No le importaba que nos equivocáramos, incluso ella también a veces se equivocaba y hasta nos reíamos juntos, ¡No parecía terrible resolver mal un ejercicio! Todos queríamos hablar, a veces nos tenía que callar porque estábamos participando todo el rato, jaja. Era súper entretenida la clase.

Valentina: ¡No te creo! ¿Todos participaban? ¿Incluso los que no les gustaban las matemáticas?

Simón: Igual no más. La profe siempre se las ingeniaba para traer algún ejercicio que les interesara, contar una historia o hacer una broma.

Analicemos el ejemplo

 

¿Qué características tiene el ambiente de trabajo de esta clase de matemática?

De acuerdo a lo que describen los estudiantes, en esta clase el curso trabajó en un ambiente de respeto y focalización en lo que estaban trabajando. Como dice Simón, trabajaron concentrados, escuchando y haciendo los ejercicios. Si bien hubo quienes se distrajeron haciendo otra cosa, rápidamente el docente intervino para que volvieran a focalizarse. Sin embargo, Valentina y Simón narran situaciones que sugieren que estudiantes y docente no trabajan en una relación de confianza, es decir en un clima que les permita trabajar de manera cómoda y agradable. De hecho, Simón señala que se sintió incómodo al equivocarse debido a la reacción del docente y Valentina, a partir de ella, prefirió callar sus dudas y no participar. Valentina también se dio cuenta de que un compañero le comentó al profesor una experiencia personal sobre lo que estaba aprendiendo su hermana y él no lo tomó en cuenta. Situaciones como estas no favorecen que los estudiantes se sientan seguros ni confiados, limitando sus posibilidades de aprendizaje.

¿Qué podría hacer el profesor de Simón y Valentina para fortalecer el ambiente de trabajo?

El ambiente de la sala de clases es crucial en la creación de contextos propicios para que el aprendizaje suceda. Este profesor ya ha logrado que sus estudiantes trabajen en lo que les propone y consigue rápidamente que vuelvan a trabajar cuando se distraen. También ha conseguido un trato respetuoso entre estudiantes, no pasando por alto situaciones como las que nombra Valentina. Fortalecer este ambiente requiere que el docente ponga atención en la manera en que se relaciona con sus estudiantes y se ocupe de gestionar un vínculo de confianza con ellos. Para ello, podría generar una aproximación positiva hacia los errores, de tal manera que sus estudiantes sientan la confianza de equivocarse: hacer preguntas al estudiante para que llegue a la respuesta correcta, o mostrar empatía con esta situación, demostrándole lo importante que son estos para el proceso de aprendizaje.

También, frente a experiencias personales que comenten los estudiantes, el docente podría mostrar interés, detenerse en lo que comparten para transmitir la idea de que las intervenciones son relevantes para construir la clase. Por ejemplo, relacionarlo con lo que están trabajando, mencionar en qué aporta el comentario a la clase, promover el diálogo entre compañeros para que otros también participen, entre otros.