Una educadora realiza distintas preguntas a los niñas y niñas a partir del cuento “Grandes Amigos”.Educadora: ¿Cómo se sintió el personaje cuando llegó el niño nuevo?
La mayoría de los niños grita: “¡Maaaaal!”.
Educadora: A ver, ¿les tinca que hablemos de a uno para que podamos escucharnos?…
Manuel, tú dices que se sintió mal, ¿por qué?
Manuel: Porque creyó que su amigo ya no jugaría más con él.
Educadora: ¿Se dieron cuenta de lo que dijo Manuel? Él nos cuenta por qué el personaje se sintió mal. Claro, se sentía muy solo, sentía que había perdido a su amigo, ¿alguna vez se han sentido así?
Nuevamente casi todos los niños levantan su mano, pero la educadora le da la palabra a un niño que ha estado muy callado en la clase, “a ver, escuchemos a Martín que ha estado muy calladito”, “Martín, ¿alguna vez te has sentido así?
Martín: Una vez, cuando mis primos no me dejaron jugar
Educadora: Ya, ¿quién más se ha sentido así?
Andrea: Yo me sentí mal cuando la Isidora y la Martina no quisieron jugar el otro día.
Educadora: Ya, ¿quién más?
Isidora: Yo sentí pena el otro día cuando el Mateo no quiso estar conmigo en el recreo
Educadora: Ya, ¿alguien más?
Andrés: A veces, cuando no me prestan los juguetes. En la mañana yo estaba jugando con los bloques y pasó él y se llevó uno. Yo le dije que no, que yo estaba jugando, que no me los quitara, pero Manuel se lo llevó y …
Educadora: Ya, muy bien. Gracias por la participación. Ahora calladitos, seguiremos con las preguntas del cuento, ¿Qué pasó al final? ¿Cómo terminó la historia?

Analicemos el ejemplo

 

¿Cómo es el ambiente de trabajo que genera la educadora?

En general, se observa un ambiente donde los niños y niñas trabajan focalizados, respondiendo las preguntas que realiza la educadora. A pesar de que intentan responder todos a la vez, utiliza una estrategia de normalización que resulta efectiva, pues les hace ver lo importante que es hablar de a uno para que todos se puedan escuchar.

También se observan distintos indicios de la educadora para generar un clima de confianza y valoración, al preocuparse de escuchar a estudiantes que no han estado participando y también al resaltar el aporte de uno de los estudiantes: más allá de felicitarlo o decirle “qué buena tu respuesta”, le da a entender cuál es el aporte específico de esta y, va más allá, pues le demuestra lo importante de su intervención al utilizarla para formular una nueva pregunta: “¿alguna vez se han sentido así? (…)”.

¿Cómo acoge la educadora las experiencias personales de los niños y niñas?

Si bien la educadora se preocupa de rescatar experiencias personales de los niños y niñas al abrir el espacio para que comenten si se han sentido como el personaje del cuento, podría aprovechar esa instancia para fortalecer el clima de confianza y valoración.  Más allá de decirles “ya” y luego solicitar que otro estudiante responda, sería importante demostrarles el aporte de sus opiniones para la clase. Por ejemplo, les podría hacer contrapreguntas para que desarrollen más la experiencia que comentan, pedir a otros compañero/as que las comenten, o bien, solicitarles que piensen en cómo se solucionó ese conflicto que vivieron con sus compañero/as y si se parece o no a lo que vivieron los personajes de la historia.

¿De qué manera puedo fortalecer el clima de confianza y valoración en mi sala de clases?

La reflexión sobre el ambiente de trabajo que promueve diariamente es un punto de partida para mejorar el clima. A propósito de lo que ocurre con este ejemplo, se podría preguntar qué hace para promover que sus estudiantes sientan que sus experiencias y opiniones también son importantes para el proceso de aprendizaje, ¿solo les da el espacio para compartirlas o hace algo más? ¿Cómo dirige las conversaciones en torno a esas experiencias? ¿Las comenta o pide al resto que opine a partir de ellas? ¿Qué conductas en particular valora de sus estudiantes? ¿Cómo les demuestra esa valoración? ¿Solo les dice que son importantes o hace algo más?