Una educadora de párvulos comparte su experiencia al implementar una
unidad que tiene como objetivo expandir el vocabulario de sus alumnos de 2°
nivel de transición:

Comenta a sus colegas: “en general estoy contenta con la unidad que acabo de hacer, creo que usar imágenes y grabaciones para fomentar la comunicación oral fue clave. Los niños se motivaron, se veían entusiasmados, siempre pedían la palabra. Creo que se cumplió el objetivo. Pienso que esto se dio porque promoví la participación, después de escuchar las lecturas o mostrarles imágenes, siempre les pedí que compartieran sus opiniones”.

Analicemos el ejemplo

¿Qué le falta a esta reflexión?, ¿lograron los alumnos expandir su vocabulario?

En este caso la reflexión de la docente solo se centra en aspectos como la motivación y participación de los alumnos, sin referirse en ningún momento a factores de aprendizaje. Aún cuando el clima de aula es clave para favorecer la aproximación al aprendizaje, es importante juzgar la efectividad o inefectividad de las acciones a partir de lo que aporta al aprendizaje de los alumnos.

En este caso, la educadora debió haberse preguntado, por ejemplo: ¿de qué manera las imágenes facilitaron que los alumnos incrementen su vocabulario? El uso de sonidos, ¿permitió que aprendieran nuevas palabras?, entre otras. Es decir, analizar la experiencia en relación con el aprendizaje que se había propuesto.